El Tec de Monterrey alberga la primera cumbre global de bioeconomía en América Latina

2026-10-27 22:42:16 - MUNDO

En un momento crucial para la sostenibilidad global y la seguridad alimentaria, México y el Tecnológico de Monterrey se han convertido en la sede de la sexta edición de la Global Bioeconomy Alliance Conference 2026 (GBA). Se trata de un acontecimiento histórico para la región, pues constituye la primera ocasión en que esta cumbre internacional de alto nivel desembarca en un país latinoamericano.

El encuentro reúne en el campus Monterrey a cerca de 200 participantes presenciales, representantes de 26 universidades y centros de investigación provenientes de 16 países, autoridades gubernamentales y directivos de nueve socios industriales. Todos ellos convergen con un propósito común: rediseñar las tecnologías clave para transformar la biomasa y los recursos biológicos en motores de una economía circular, justa y descarbonizada.

Durante la ceremonia de inauguración, el rector del Tecnológico de Monterrey, Juan Pablo Murra, dio la bienvenida oficial a las delegaciones internacionales y subrayó que los objetivos de la alianza científica conectan de manera directa con las prioridades institucionales.

"Las dinámicas de la Global Bioeconomy Alliance resuenan profundamente con nuestras iniciativas. Practicamos activamente estos principios a través de nuestro plan integral de sostenibilidad y cambio climático, Ruta Azul, así como mediante los proyectos estratégicos Green Frontier y Blue Frontier de la Escuela de Ingeniería y Ciencias", afirmó el rector antes de declarar oficialmente inaugurados los trabajos de la cumbre.

A propósito del encuentro El Economista conversó con el doctor Feniosky Peña-Mora, decano nacional de la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tecnológico de Monterrey, él explica que lo que se busca es redefinir cómo concebimos el desarrollo tecnológico, el uso del suelo, la producción de alimentos y la gestión de los desperdicios en el siglo XXI.

Para el decano, el hecho de que la conferencia se celebre en México envía una señal clara al mapa científico y económico internacional. La región ya no puede ser tratada únicamente como una proveedora de materia prima o una receptora pasiva de tecnología, sino como un actor indispensable para coorganizar y codiseñar las soluciones del futuro.

"Somos un planeta interconectado; como la pandemia de COVID-19 nos enseñó, lo que sucede en una parte del mundo inevitablemente se derrama hacia otra", reflexionó Peña-Mora. "Muchos de los países de nuestra región son productores esenciales de los alimentos que sostienen al mundo. Al tener esta conversación aquí, nos aseguramos de que en la mesa no solo prevalezca la mirada industrial de las grandes corporaciones de países desarrollados, sino también la realidad de las pequeñas familias agrícolas y cooperativas que forman la base de la cadena de valor".

El académico enfatizó que para lograr una verdadera sostenibilidad se debe garantizar el principio de fair practice (prácticas equitativas), permitiendo que la transición hacia una bioeconomía genere un esquema de "ganar-ganar" tanto para los centros de alto consumo en economías desarrolladas como para las comunidades rurales que custodian la biodiversidad y el suelo en América Latina.

Uno de los principales paradigmas que desmonta la bioeconomía es la noción tradicional de "basura". Bajo la óptica de la economía circular, los desechos orgánicos e industriales son en realidad insumos de alto valor acumulado.

Al explicar este concepto para la ciudadanía, el doctor Peña-Mora recurrió a un ejemplo cotidiano en la cultura mexicana: la nixtamalización del maíz para elaborar tortillas. Durante este proceso ancestral que utiliza agua y cal, se genera un efluente líquido residual conocido como nejayote, el cual suele desecharse masivamente causando problemas de contaminación hídrica.

Frente a esto, el decano destacó el trabajo desarrollado en el campus Puebla por el investigador Pavel Cervantes, primero con el diseñó de un sistema capaz de remover hasta un 99% de la materia orgánica y el calcio presentes en el efluente, luego con un proceso permite separar y recuperar agua para reuso en procesos secundarios y genera biogás utilizable para la propia cocción industrial, por último, del residuo se extrae hidroxiapatita, un compuesto mineral bioactivo ampliamente codiciado en la industria odontológica y médica para el fortalecimiento y restauración dental.

"Ahí es donde se ve claramente el paradigma de la bioeconomía", precisó Peña-Mora. "Partimos de un residuo tradicionalmente descartado y, mediante biotecnología e ingeniería, recuperamos agua no potable para reuso, gas para energía y un insumo biológico de alto valor para la salud. De eso se trata: de utilizar nuestros recursos biológicos para crear productos regenerativos que puedan recircular en la economía".

Proyectos similares se están replicando en otras latitudes del país. En Guaymas, Sonora, investigadores del Tec analizan el aprovechamiento integral de los desechos de la industria camaronera y de acuacultura, mientras que en el proyecto Frontera Verde, radicado en Querétaro, se estudia el ciclo completo de producción agrícola y ganadera para generar alimentos más nutritivos utilizando una fracción del agua que se consume actualmente.

El doctor Peña-Mora recalcó que la investigación no puede quedarse dentro de las paredes de los laboratorios. Un pilar central del encuentro es la integración de la industria privada a través de los llamados Innovation Sprints o retos de innovación, en los que empresas internacionales han planteado problemas operativos reales para que equipos multidisciplinarios de estudiantes e investigadores propongan soluciones a lo largo de la semana.

Sobre cómo construir un ecosistema donde el sector privado confíe e invierta tempranamente en desarrollo tecnológico local en lugar de importar soluciones de fuera, el decano fue contundente:

"La industria no está en la perspectiva de la caridad; no otorga recursos sin esperar un retorno de beneficio. Está en nosotros, desde la academia, demostrar una propuesta de valor clara que demuestre que entendemos sus padecimientos y sus metas económicas. La confianza se construye paso a paso, abordando pequeños desafíos de forma rigurosa. Un ejemplo de esto es la alianza que tenemos en Querétaro con firmas como Nestlé para hacer más sostenible la producción lechera".

Aseguró: "Si logramos que la tecnología atienda los problemas de la industria mientras protege el medio ambiente y mejora la calidad de vida de las personas, estaremos construyendo el futuro sostenible que el planeta requiere".

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