“Merecemos estar en la historia del firmamento”: el astrofísico que puso a Colombia en el cielo

2026-10-04 02:29:29 - MUNDO

Antes de que esos enormes ojos de vidrio, aluminio y acero que son los telescopios más grandes del mundo miraran al cielo, miles de años atrás lo hicieron hombres cuyos nombres ignora la historia, con pretensiones más modestas, como saber qué momento del día era o hacia dónde dar el siguiente paso para llegar a su destino.

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Sobre ese instinto de elevar la mirada y preguntarse por lo que hay en el firmamento, que luego llevó a que pusiéramos nombre a las estrellas, a contar historias y, después, a crear extensiones –como telescopios, antenas y observatorios– de nuestros ojos, habla, entre otros asuntos, Historia del universo invisible, el nuevo libro del astrofísico bogotano Juan Diego Soler.

Publicado por el sello Debate, esta obra, como se lee en su contraportada, "recorre la aventura humana de descifrar el cosmos", en la que se han embarcado hombres y mujeres desde la Antigüedad hasta ahora. Aunque allí aparecen las historias de grandes figuras científicas como Galileo Galilei o Isaac Newton, también están presentes los acercamientos que han tenido los colombianos con el universo, como los asterismos –conjuntos de estrellas que forman una figura reconocible en el cielo– identificados por los pueblos indígenas o el trabajo del sabio Francisco José de Caldas, el primer astrónomo colombiano, quien, solo con libros, ingenio y creatividad, construía sus propios instrumentos para mirar las estrellas.

Soler, además de escritor, es doctor en Astronomía y Astrofísica por la Universidad de Toronto. Hizo parte de la colaboración científica del satélite Planck, el observatorio espacial que midió con una resolución sin precedentes el Fondo Cósmico de Microondas (CMB), considerado el "eco" del Big Bang. También descubrió una estructura de hidrógeno en la Vía Láctea llamada Magdalena –cuya función en el universo sigue siendo un misterio– y actualmente, como investigador de la Universidad de Viena, trabaja en entender cómo nacen las estrellas y cómo transforman el entorno que las rodea.

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EL COLOMBIANO habló con Soler sobre su nuevo libro y su trabajo científico en el exterior como colombiano que ha hecho parte de investigaciones destacadas a nivel mundial.

"En la Antártica hice parte de un proyecto que no solamente era de ciencia, sino que también fue una aventura: llevar telescopios a la Antártica. Hice mi doctorado durante seis años en un grupo en Canadá que desarrollaba telescopios para amarrarlos a un globo que los llevaba hasta 40 kilómetros sobre la superficie de la Tierra, donde se pueden ver tipos de luz que no penetran en la atmósfera terrestre. Entonces, podíamos medir regiones en las que se están formando las estrellas.

Hubiera podido ir tres veces más con los proyectos que quería, pero ya había pasado esa experiencia. Y la oportunidad de Planck era increíble. Esos satélites, cada vez que se lanza uno nuevo, abren una ventana completamente al universo. Y se puede experimentar algo que creo que es el mayor vértigo que uno puede tener en Astronomía: ver algo que nunca se ha visto antes [...] Como he cambiado tantas veces de campo de trabajo, me llevo mañas de uno para el otro. Durante un tiempo trabajé en Física Médica y allí utilizábamos técnicas y algoritmos matemáticos para describir las imágenes, en este caso imágenes diagnósticas, en términos de ecuaciones, fórmulas, números y series numéricas que le describieran a la máquina qué es lo que está viendo. Eso se llama *machine vision* y me ha servido como un martillo que he aplicado en muchos clavos que me he ido encontrando a lo largo de mi carrera.

Cuando llegué a Planck, fue la primera vez que vimos las mediciones del campo magnético intergaláctico en esa dimensión. Yo ya tenía una herramienta para comenzar a hacer algo. Ahí hay una diferencia, a lo mejor, entre muchas veces la Astronomía profesional y la Astronomía que está más basada simplemente en las observaciones: es utilizar las leyes de la Física. Y tiene que ser estadístico. Que uno vea una cosa una vez no significa que sea la regla.

En últimas, mi trabajo podría resumirse diciendo que es utilizar algoritmos matemáticos para encontrar patrones en imágenes del universo y saber cómo obedecen las leyes físicas".

"Después de trabajar en el satélite, llegué a Alemania, al Instituto Max Planck de Astronomía, y me encontré con un grupo que estaba haciendo el mapa más detallado en ondas de radio de la galaxia.

La Vía Láctea se ha observado en múltiples frecuencias a lo largo de la historia, pero en ondas de radio, para obtener imágenes de muy alta resolución, hay que utilizar telescopios realmente enormes. Para verla con la misma resolución de un telescopio que uno puede comprar, habría que tener uno de por lo menos 27 kilómetros de diámetro, porque la longitud de onda hace que se necesiten platos mucho más grandes.

Lo que hice en ese nuevo trabajo fue recibir los mapas que ellos llevaban cuatro años construyendo. Eran datos muy difíciles de interpretar. Entonces, apliqué un algoritmo similar al que se utiliza para buscar imágenes en Google y encontramos una 'culebrita' de luz de radio que estaba debajo del plano de la galaxia. Era una nube alargada de gas hidrógeno, pero una nube tremenda: tiene 100.000 veces la masa del Sol. Y, por lo que estimamos a partir de cómo se está moviendo, está del otro lado de la galaxia, a unos 50.000 años luz de nosotros.

En Astronomía, cuando uno ve algo primero, tiene la oportunidad de nombrarlo. El nombre técnico que le damos los astrónomos es filamento, pero no es una palabra de uso común. Entonces, yo dije: 'No, esto es un río en el cielo', y le pusimos Magdalena, en honor a Colombia, al río sin el cual nuestro país no existiría.

También quería darle visibilidad a nuestro país a través de un descubrimiento. La ignorancia respecto a Colombia por fuera es enorme y no nos percatamos de lo poco que nos conocen en el mundo. Al ponerle Magdalena, quería hacer también un poco de divulgación de Colombia. Entonces, van al artículo y ven que se llama así por el río más largo de Colombia.

Ahora comenzaron a decirle Maggie. Entonces, se comienza a olvidar esa información, pero siempre va a salir en la fuente: este colombiano la vio y le puso el nombre de algo que está relacionado con Colombia, porque nosotros también participamos de eso que es el firmamento. Los colombianos, y no solo yo, sino colombianos y colombianas que están investigando, hacen este tipo de observaciones. También merecemos estar en la historia del firmamento".

"Cuando yo estaba en la Antártica, escribí por primera vez para El Espectador y ese fue el comienzo de esta travesía que me ha llevado a escribir durante tanto tiempo sobre lo que hago. Existe curiosidad sobre eso que hay ahí afuera, sobre los temas de ciencia, y muchas veces no existe la disponibilidad de los científicos. A mí no me gusta mucho el término 'traducir', porque implica un poco trastocar algo. Es más la mediación entre los conceptos. Es como aclarar el mapa, como alumbrar un poquito la habitación en la que se le perdieron las llaves. A lo mejor encuentra uno las llaves y el resto de la habitación está oscura, pero tiene pistas de lo que está ahí. Mi idea no es convertir a todo el mundo en un experto en Astronomía, sino mediar entre lo que hace la ciencia y lo que hacemos las personas. En últimas, los científicos también somos personas: cocinamos con agua, tenemos preocupaciones.

Pero realmente es transmitir la emoción y el vértigo que es la ciencia, porque las noticias tienden a repetirse: presidentes que no escuchan a sus pueblos, guerras, violaciones de derechos. Parece que viviéramos en un ciclo permanente de actividades humanas en las que no hubiera ninguna otra noticia. Las verdaderas novedades provienen de las historias que le pasan a la gente y de lo que descubrimos en la naturaleza. Y este libro es sobre eso: sobre las cosas que les pasan a científicos y científicas que han ido descubriendo cosas chéveres y sobre la fascinación por lo que han encontrado. Además, saber que eso nunca se dio en condiciones ideales. Esta gente no vivía en torres de marfil ni era millonaria. Muchos tuvieron que pasar por muchas penurias para hacer lo que hicieron, pero, en últimas, nos hicieron saber que hay algo más allá afuera de ese ciclo en el que parecemos vivir constantemente, en el que parece que no hay salida".

"Michael Faraday tiene una historia espectacular. Era de una familia muy humilde en Inglaterra y el trabajo que consigue es como armador de libros. Resulta que, además de ser un duro en esa labor, se leía todo lo que le caía encima. En una de esas, una señora le regaló una boleta para unos shows de química que hacía un químico llamado Humphry Davy, quien hacía demostraciones, explosiones y las dejaba matadas a todas, sobre todo a las mujeres. Faraday va a una de esas presentaciones, toma notas y luego, con ellas, le hace un cuadernito a Davy y se lo manda como regalo.

Cuando tiene un accidente en una de esas demostraciones, estalla uno de los experimentos, queda parcialmente ciego y se lleva a Faraday como su asistente que termina convirtiéndose en un gran experimentalista. A él le debemos el motor eléctrico y la inducción a través de imanes. Cada vez que recibimos electricidad en la casa, que viene de una hidroeléctrica, vamos a aplicar uno de los principios que descubrió.

A Faraday nunca se le olvidó de dónde venía. Cuando comenzó a trabajar como asistente de Davy en una institución que se llama la Royal Institution, se le ocurre hacer la charla de Navidad de Física, en la que hacía una demostración científica, sobre todo dirigida a niños.

Él quería que pequeños de todas las extracciones posibles pudieran participar de eso que es la Física y quería usar algo que había aprendido de Davy: que la Física tiene algo de circo. A uno se le olvida que la Física y la Química tienen algo de espectáculo de variedades. Y convirtió eso en una tradición en una de las instituciones científicas más importantes del mundo. Todavía se da la charla de Navidad en la Royal Institution. Ahora mismo no es solamente una, sino cinco charlas en general, en las que llaman a científicos que tengan esa habilidad de comunicar, hacer demostraciones y hablar sobre un tema actual".

"Lo que en este libro intento expresar, en últimas, es cómo la pregunta de dónde venimos y a dónde vamos pasa por entender y ver lo que hay allá afuera.

Ahora mismo estamos viviendo una época en la que podemos observar la posición de las estrellas. Más que nunca en la historia, tenemos una percepción de qué es lo que rodea el sistema solar, cuáles son esas nubes de gas que están ahí afuera, cómo se mueven las estrellas y qué tipos de estrellas hay. Estamos descubriendo como un bosque entero que nos rodea, pero seguimos con las mismas preguntas.

El hecho de que uno observe el firmamento con esos tipos de luz que no se pueden ver con los ojos es como llegar a una casa en la que le prestan un álbum de fotos o una caja llena de fotografías. Eso es lo que hacemos los astrónomos, pero, en lugar de ver fotos de familia, vemos fotos del universo.

Entonces, ¿cómo establecer esa secuencia temporal y saber qué es importante, cuáles son las relaciones importantes? Eso es, en últimas, lo que estamos intentando hacer. Y ahora tenemos la inteligencia artificial, pero también instrumentos como el satélite espacial Gaia. El telescopio James Webb también es impresionante: es como un escalpelo para diseccionar trozos del cielo.

Seguimos con la misma pregunta que teníamos hace mucho tiempo: ¿cómo reconstruir esa historia que nos trajo hasta aquí? Pero cada vez contamos con instrumentos que nos permiten hacer mejores preguntas. Porque no solamente es cuestión de tener respuestas. Es cuestión de tener mejores preguntas, porque de ahí es de donde se construye más conocimiento".

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