México celebra el deporte, pero hace del sedentarismo un negocio

2026-09-21 01:26:29 - MUNDO

"El país que aplaude atletas mientras mantiene sentada a su gente"

¿Cuándo dejamos de movernos sin darnos cuenta?

Una niña sale de casa todavía adormilada. Viaja sentada, permanece varias horas en un pupitre, vuelve a sentarse para hacer la tarea y termina el día frente a una pantalla. Su padre conduce o atraviesa la ciudad en transporte público, trabaja frente a una computadora y regresa demasiado cansado para utilizar la cancha que queda a unas calles. Su abuela quisiera caminar, pero teme caer en una banqueta rota o volver del parque cuando ya oscureció.

Ninguno decidió convertir la inmovilidad en proyecto de vida. La vida fue organizada así.

Después les pedimos disciplina.

México celebra el deporte, se emociona con una medalla y reconoce constitucionalmente el derecho a la cultura física. Sin embargo, escuelas, jornadas laborales, traslados, cuidados y ciudades reducen nuestras posibilidades de movernos. Admiramos cuerpos extraordinariamente activos dentro de una sociedad que vuelve difícil la actividad cotidiana.

En "Sin miedo al triunfo: un plan deportivo para México" sostuve que el talento mexicano no falla; fallan la estructura, la continuidad y la reciprocidad. Hoy avanzo hacia otra escala: no basta producir campeones si el resto de la población pierde tiempo, seguridad, aprendizaje y deseo de moverse. El podio importa; la salud del pueblo se juega mucho antes y mucho más abajo.

Por eso el problema no es únicamente voluntad individual ni presupuesto deportivo: es la forma en que distribuimos posibilidades reales de cuidar el cuerpo.

El deporte no comienza en el estadio

Antes del deporte existe el juego. Correr, trepar, lanzar, girar, equilibrarse, perseguirse y bailar permiten que una niña o un niño descubra su cuerpo, confíe en él y aprenda a relacionarse con otras personas. Johan Huizinga, historiador neerlandés que estudió el juego como fundamento cultural, comprendió que jugar no es un descanso de la vida: es una manera de construirla.

Sin embargo, con frecuencia tratamos el movimiento como premio, asignatura secundaria o privilegio de quienes muestran talento. Quien corre más rápido entra al equipo; quien no domina el balón aprende a apartarse. Convertimos la educación física en una prueba de habilidad y luego nos sorprende que muchas personas crezcan convencidas de que "el deporte no es para ellas".

Los datos muestran el tamaño de esa pérdida. En la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2023, sólo 32.6% de la población de 10 a 14 años acumuló al menos cuatro días semanales con sesenta minutos de actividad moderada o vigorosa. Entre las niñas la proporción fue de 19.4%; entre los niños, de 42.2%. En el mismo grupo, 76.4% pasó más de dos horas diarias frente a pantallas con fines recreativos. No significa que la pantalla explique por sí sola la inactividad. Revela que el día familiar y escolar ya disputa cada minuto del cuerpo. (Ver referencias abajo)

La desigualdad cambia de rostro con la edad. En la adolescencia aparecen vergüenza corporal, acoso y competencia excluyente; en la adultez, trabajo, traslado y cuidados; en la vejez, miedo a caer y falta de acompañamiento. Cada etapa puede conservar el movimiento o expulsarlo.

Conviene distinguir: actividad física es cualquier movimiento que eleva el gasto energético; ejercicio es una práctica planeada y repetitiva; deporte añade reglas, aprendizaje o competencia. Sedentarismo es pasar el tiempo despierto con muy poco movimiento. Podemos entrenar media hora y permanecer sentados las siguientes diez.

La política pública debe aumentar el movimiento y reducir el tiempo sedentario; cumplir una sesión no borra una jornada inmóvil.

La precisión importa porque no necesitamos deporte intenso todos los días. Necesitamos movernos todos los días y alcanzar, de manera progresiva, una dosis suficiente, variada y sostenible. Para las personas adultas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda entre 150 y 300 minutos semanales de actividad moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad vigorosa, además de fortalecer los grandes grupos musculares al menos dos días. Para niñas, niños y adolescentes, la referencia es un promedio de sesenta minutos diarios de actividad moderada a vigorosa.

Estudios médicos indican que el beneficio comienza antes de adelgazar. Una sesión puede reducir temporalmente la presión arterial y la ansiedad, mejorar la sensibilidad a la insulina, la atención y el sueño. Con continuidad se fortalecen corazón, músculos, huesos, equilibrio y autonomía. La mayor ganancia suele aparecer cuando pasamos de nada a algo.

El éxito no puede juzgarse únicamente por la báscula: también cuenta vivir con mayor capacidad, energía y función.

El deporte también puede favorecer la salud mental: ayuda a regular estrés y estado de ánimo, ofrece pertenencia y devuelve sensación de capacidad. No sustituye la atención profesional cuando es necesaria y puede dañar si se practica bajo humillación, violencia o presión corporal. Importa cómo, con quién y dentro de qué cultura nos movemos.

El consenso llamado MACARENHA -al cual dedicamos igualmente una columna anterior- nos permitió mirar cómo metabolismo, tejido adiposo, corazón, presión arterial, riñón, hígado, cerebro y sistema vascular dialogan dentro del mismo cuerpo. El movimiento mejora el uso de energía; la nutrición permite recuperarnos, formar músculo y sostener el esfuerzo. Ninguno compensa al otro ni cancela estrés crónico, falta de sueño, precariedad o predisposición genética. Convertirlos en curas universales volvería a culpar a la persona.

El tiempo también es infraestructura

El Módulo de Práctica Deportiva y Ejercicio Físico 2025 del INEGI estimó que 41.7% de la población de 12 años y más practicaba deporte o ejercicio en su tiempo libre. Entre quienes sí practicaban, sólo 57.9% alcanzó el nivel clasificado como suficiente. Es decir, entrar no garantiza permanecer ni recibir la dosis necesaria.

La diferencia entre mujeres y hombres revela algo todavía más profundo. En el tiempo libre practicaba 37.4% de las mujeres y 46.7% de los hombres. Sin embargo, entre quienes lograban entrar a la práctica, 60% de las mujeres alcanzaba suficiencia, frente a 55.9% de los hombres. No parece faltar constancia femenina. Falta acceso.

La principal barrera ayuda a comprenderlo. Entre quienes no practicaban, 32.2% señaló cansancio o falta de tiempo por trabajo o estudio y 17.6% cansancio o falta de tiempo por labores domésticas o de cuidados. Sumadas descriptivamente, ambas razones alcanzan 49.8%. No es una categoría oficial ni prueba causal, pero muestra con claridad que el tiempo también es infraestructura deportiva.

La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2024 permite mirar lo que esa palabra oculta: las mujeres dedicaron 39.7 horas semanales al trabajo doméstico, de cuidados, comunitario y voluntario no remunerado; los hombres, 18.2. Decir "organízate" a quien ya carga otra media jornada no es una política de salud.

¿Qué significa pedir disciplina cuando el trabajo consume el día, el traslado se lleva dos horas, el cuidado no se comparte y salir a caminar produce miedo?

La responsabilidad personal importa. Todo comienza por uno mismo o una misma: levantarse de la silla, caminar unos minutos, volver a jugar, fortalecer el cuerpo y pedir orientación cuando sea necesario. El liderazgo humanista es hacerse cargo de sí, pero no fingir que el entorno no existe.

Amartya Sen, economista y filósofo dedicado al estudio de la libertad y las capacidades, distingue entre tener una opción y poder ejercerla. Una cancha cercana sigue fuera del alcance de quien carece de tiempo, seguridad, transporte o cuidado infantil. Aunque 66.1% reportó una instalación pública cercana, sólo 35.2% la consideró en buenas condiciones y la misma proporción encontró una persona instructora. Gratuito no siempre significa accesible.

La libertad no ocurre en el vacío: necesita condiciones que permitan convertir una recomendación en práctica.

La escuela donde el cuerpo aprende

La escuela es el único espacio capaz de llegar casi universalmente a la infancia. Por eso resulta preocupante que, durante el ciclo 2023–2024, sólo 35.3% de los preescolares públicos regulares, 56.5% de las primarias y 31.9% de las secundarias contaran con al menos un docente de educación física. El indicador no incluye cursos comunitarios ni escuelas indígenas y no demuestra cuántos minutos se impartieron realmente. Justamente ahí aparece otro vacío: México reconoce el derecho al deporte, pero todavía no puede acreditar nacionalmente cuánto movimiento de calidad garantiza en la jornada escolar..

¿Qué clase de educación prepara únicamente la mente mientras acostumbra al cuerpo a permanecer inmóvil?

La educación física no debería seleccionar anticipadamente a quienes competirán, sino alfabetizar corporalmente a todas y todos. Necesitamos clases protegidas, recreos activos, pausas breves, variedad de disciplinas, juego cooperativo, deporte adaptado y experiencias que no humillen a quien comienza. También maestras, maestros y entrenadores formados para prevenir violencia, acoso y abuso.

Una escuela que se toma en serio el movimiento no mide solamente medallas, peso o integrantes de la selección. Observa participación, disfrute, suficiencia, permanencia y brechas. Pregunta quién dejó de asistir y por qué. Vincula escuela, familia, club y municipio para que la actividad no desaparezca al cambiar de grado. Y cuando abre sus instalaciones a la comunidad, establece responsabilidades claras de seguridad, operación y mantenimiento.

La familia también educa con el cuerpo. La infancia aprende si caminar es convivencia o castigo; si descansar es cuidado o flojera; si jugar merece tiempo; si las tareas domésticas se reparten; si los fines de semana ocurren siempre alrededor de una pantalla. No necesitamos convertir cada hogar en gimnasio. Necesitamos devolver al movimiento su lugar cotidiano, compartido y gozoso.

El deporte también puede convertirse en una escuela de civismo y liderazgo. Nos enseña a respetar reglas comunes, reconocer límites, cooperar con personas distintas, tramitar desacuerdos, perder sin destruir al adversario y ganar sin humillarlo. Pero nada de eso ocurre automáticamente: una cancha también puede reproducir abuso, exclusión y culto al más fuerte. Se necesita una pedagogía que convierta competencia en juego limpio, autoridad en servicio y equipo en comunidad.

Del espectáculo al dividendo de movimiento

El deporte también es negocio, trabajo e industria. Una economía monetiza la atención mediante transmisiones, publicidad, patrocinios, apuestas y eventos; otra produce movimiento mediante clubes, entrenadores, ligas, equipamiento, movilidad activa, rehabilitación y deporte adaptado. Ambas generan valor, pero una audiencia sentada no demuestra que una sociedad sea activa.

El puente consiste en convertir atención en participación. Un patrocinio responsable debería dejar becas, entrenadores, rutas seguras, mantenimiento y personas que continúen activas después del aplauso. A la huella metabólica de la empresa —lo que productos, horarios y empleos hacen al cuerpo— añado el dividendo de movimiento: cuánto tiempo, seguridad, acceso y deseo de moverse crea una organización.

Un evento debería medir no sólo audiencia e ingresos, sino primeras experiencias y permanencia a seis o doce meses.

Una empresa puede subsidiar un gimnasio y conservar jornadas que impiden utilizarlo, promover una carrera mientras mantiene sentado a su personal o donar canchas sin financiar su operación. Estas acciones no son inútiles; exigen coherencia.

¿Puede una empresa declararse socialmente responsable si su organización del trabajo deteriora sistemáticamente el tiempo y el cuerpo de las personas?

La responsabilidad social del empresariado comienza antes de la donación. Se expresa en pausas protegidas, horarios previsibles, corresponsabilidad de cuidados, escaleras utilizables, biciestacionamientos, regaderas, opciones de traslado activo y programas voluntarios que no vigilen ni discriminen cuerpos. La filantropía consciente, por su parte, no se limita a financiar consecuencias: construye capacidades, fortalece instituciones y transforma condiciones.

También debemos dignificar el trabajo dentro del deporte. En el primer trimestre de 2026, Data México estimó que la rama estrecha de deportistas y equipos profesionales tenía 88.7% de informalidad laboral y apenas 12.4% de participación femenina. Profesional no significa necesariamente protegido. Atletas, entrenadores, árbitros y personal técnico necesitan derechos, integridad, salud mental, carrera dual y transición digna al retiro.

La prosperidad regenerativa aparece cuando el negocio amplía la capacidad de vivir mejor. Rentabilidad y cuidado de la salud en una empresa no deberían ser adversarias. El desafío consiste en diseñar modelos donde mover a más personas, retenerlas con dignidad y cerrar brechas también produzca valor económico.

Mover a México es una decisión política

La política, comprendida como disposición para cocrear el bien común, tiene que mirar el deporte mucho más allá del podio. El presupuesto federal aprobado para la CONADE en 2026 equivale a 19.06 pesos por habitante al año. De ellos, 91 centavos están clasificados contablemente como gasto de inversión. La cifra no incluye lo que destinan estados, municipios, escuelas, universidades, salud, movilidad, espacio público ni el sector privado. Tampoco significa que cada persona reciba diecinueve pesos. Sirve para dimensionar la prioridad federal y para revelar que ni siquiera contamos con una cuenta consolidada del esfuerzo nacional.

¿Qué revela de nuestras prioridades que podamos calcular con precisión el costo de un estadio, pero no cuánto invertimos como país para que una niña juegue, una trabajadora disponga de tiempo o una persona mayor conserve su equilibrio?

El Programa Nacional de Cultura Física y Deporte 2026–2030 reconoce barreras estructurales, pero su indicador central para población adulta activa en 32 ciudades pretende pasar de 44.5% a 47.5%: apenas tres puntos porcentuales. Las metas de mujeres y hombres aumentan en la misma proporción, por lo que la brecha prevista permanece. Además, contar participación no demuestra suficiencia ni continuidad. Un país puede cumplir su meta con actividad ocasional y seguir dejando intacta la infraestructura de la inmovilidad.

El primer sector debe coordinar salud, educación, movilidad, seguridad, desarrollo urbano y deporte; financiar según el rezago y evaluar uso, calidad y permanencia. El segundo puede rediseñar trabajos y negocios, profesionalizar empleos deportivos y convertir patrocinios en acceso. El tercero puede acompañar comunidades, investigar, formar promotores y vigilar derechos. Ninguno resolverá el problema por separado.

Los tres son agentes reales de cambio y necesitan compartir información, recursos y responsabilidad.

Eso exige un liderazgo que no ordene "muévete", sino que devuelva tiempo, seguridad y espacio; que mida cuántas personas comienzan, permanecen y siguen excluidas. Prevenir recomienda ejercicio. Regenerar reorganiza la vida para que movernos vuelva a ser posible.

Ninguna política caminará por nosotros ni ninguna empresa cuidará nuestro cuerpo en nuestro lugar. Siempre habrá una decisión íntima: levantarse, empezar con cinco minutos, volver a una actividad, invitar a alguien o pedir ayuda. La agencia abre el proceso; la corresponsabilidad permite sostenerlo.

Ganar, ganar de verdad, no consiste en que México produzca más campeones mientras el resto del país los observa sentado. Consiste en que una niña encuentre juego en su escuela, su padre tiempo después del trabajo y su abuela un parque seguro donde conservar su autonomía.

Durante la próxima temporada de Liderazgo, Salud y Sociedad, por Radio Fórmula 1470 AM, profundizaremos en esta conversación: educación y deporte; salud mental y deporte; nutrición, movimiento y MACARENHA; y el valor del deporte para tejer una sociedad más saludable, con civismo y construir liderazgo. No serán temas separados, sino distintas entradas a una misma pregunta: cómo devolver al cuerpo su lugar en la formación de personas y comunidades.

La pregunta ya no es si sabemos que movernos hace bien. Es otra: ¿qué clase de país estamos construyendo si estudiar, trabajar, cuidar y trasladarnos exige dejar el cuerpo inmóvil?

El podio puede inspirarnos. Pero la verdadera victoria será devolverle movimiento a México.

Referencias:

*https://insp.mx/novedades-editoriales/encuesta-nacional-de-salud-y-nutricion-continua-2023-resultados-nacionales. ENSANUT Continua 2023, resultados nacionales, elaborada por Instituto Nacional de Salud Pública.

* https://www.inegi.org.mx/programas/enut/2024/ Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2024, elaborada por INEGI.

* https://www.inegi.org.mx/programas/mopradef/ Módulo de Práctica Deportiva y Ejercicio Físico, MOPRADEF, 2025, elaborado por INEGI.

* https://www.planeacion.sep.gob.mx/medianoplazo.aspx Programa Sectorial de Educación 2025–2030. Fuente: Secretaría de Educación Pública.

* https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/1079991/Programa_Nacional_de_Poblacion_2026-2030.pdf Proyecciones de población del CONAPO en el Presupuesto de Egresos de la Federación 2026 y cálculos propios.

*El autor es Doctor en Desarrollo Humano por la Universidad Motolinía del Pedregal; Maestro en Desarrollo Humano por la Universidad Iberoamericana; Master Ejecutivo en Liderazgo Positivo Estratégico por IE Business School y Licenciado en Comunicación Gráfica. Es desarrollista humano, empresario, docente, consejero sistémico y columnista en El Economista.

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