Jubilados que supervisan obras en Europa y mayores que trabajan sin otra opción en América Latina

2026-10-04 20:50:29 - MUNDO

En Bolonia (Italia), los jubilados que observan obras públicas con las manos detrás de la espalda adquirieron un nombre: umarell ("hombrecillo", en dialecto local). En 2018, el municipio inauguró una Piazzetta degli Umarells para homenajear a esos pensionados que monitorean el trabajo ajeno.

En Lima, Julia, una adulta mayor de 67 años, trabaja tres noches por semana vendiendo golosinas en el distrito de Santa Anita para poder cubrir los costos de comida y medicinas.

Las dos escenas parecen locales y desconectadas, pero representan un fenómeno global y vinculado. ¿Cómo se resignifican la productividad y la jubilación en sociedades que envejecen bajo condiciones institucionales y laborales tan desiguales como las de Europa y América Latina?

La tensión por seguir siendo visible y pertenecer a la sociedad adopta motivaciones distintas en un mundo moderno que ha vinculado el valor social al trabajo y al ingreso económico. Durante décadas, la vejez parecía situarse fuera de ambos. Sin embargo, en la práctica, edad, productividad, necesidad y reconocimiento se cruzan de formas cada vez más complejas.

Frente a esta realidad, la teoría de la individuación postulada por el sociólogo de origen peruano Danilo Martuccelli permite comprender qué está sucediendo. En un capítulo de su libro La era de los individuos, sostiene que la sociología debe lograr traducir fenómenos colectivos en experiencias personales analizando "los tipos de individuos que son estructuralmente fabricados en una sociedad".

Es decir, la jubilación puede leerse como una prueba de individuación. Termina un rol que durante décadas ordenó ingresos, reconocimiento y vínculos, mientras la persona debe reconstruir su lugar social. El retiro es también una reorganización biográfica, que pone contra las cuerdas las cajas sociológicas tradicionales y desdibuja roles estáticos.

El trabajo en esta étapa de la vida cobra un nuevo sentido al operar como un soporte dinámico y no lineal. Un nuevo estatus laboral más allá de las relaciones contractuales, que invita a redefinir los apoyos institucionales, familiares y educativos para brindar un mayor bienestar al individuo que envejece dentro de su sociedad.

La antropología de la vejez cuestiona que jubilación y pasividad sean equivalentes. Las fronteras del curso de vida no dependen sólo de la edad cronológica; muchas veces están vinculadas a roles de participación comunitaria. El umarell no representa a todos los jubilados italianos, pero permite observar una posibilidad. Terminado el empleo, la experiencia puede transformarse en presencia cívica y pertenencia al territorio.

Y no es un caso aislado. Una revisión sistemática de 54 estudios identificó que, después del retiro de un empleo formal, aparecen nuevas trayectorias de empleo parcial, emprendimientos y voluntariados como alternativas para el proyecto de vida de las personas.

La jubilación transforma la identidad, las relaciones con pares y la organización cotidiana del tiempo. La planificación, las redes de apoyo y la actividad comunitaria pueden favorecer el bienestar, mientras que una salida abrupta de la vida productiva puede asociarse con problemas de salud e incertidumbre económica. Seguir activo es un recurso de adaptación y no necesariamente una señal de precariedad.

Europa muestra una transición con mayor anticipación demográfica. Según Eurostat, a 1 de enero de 2025 99 millones de personas de la Unión Europea tenían 65 años o más. Este segmento representaba el 22 % de la población frente al 17 % en 2005. Las personas de 80 años o más sumaban el 6 % y la edad media europea alcanzaba 44,9 años. Italia registraba en ese momento la más alta de la Unión: 49,1 años.

Por su parte, América Latina y el Caribe avanzan también hacia una estructura más envejecida, pero desde condiciones laborales distintas. Según el portal de datos estadísticos CEPALSTAT, en 2024 la región contaba con aproximadamente 65,4 millones de personas de 65 años o más, equivalentes al 9,9 % de su población, mientras que para 2050 se proyectan cerca de 138 millones, el 18,9 % del total regional.

A partir de estas realidades, se despliegan dos formas de envejecer activamente. Por un lado está el umarell, que observa voluntariamente una obra. Por el otro, la vendedora mayor que trabaja para financiar sus medicamentos.

Ambos son personas activas, pero la actividad no significa lo mismo. Martuccelli sostiene que los procesos de individuación difieren entre sociedades y propone, precisamente, estudiar cómo procesos estructurales distintos producen experiencias individuales diferentes.

En Europa vemos individuos con menores niveles de precariedad, que pueden fortalecer sus comunidades participando en procesos ciudadanos. En contraste, la experiencia de Julia, la vendedora limeña, ratifica la existencia masiva de jubilados informales: personas que alcanzan la edad social del retiro, pero continúan trabajando porque la jubilación efectiva resulta insuficiente o nunca llegó.

El acceso a pensiones no siempre está garantizado cuando las trayectorias laborales han transcurrido en la informalidad y la capacidad de acción de los estados resulta limitada para garantizar una cobertura amplia de servicios y suficiente en términos económicos.

Resignificar la productividad exige dotar de nuevo sentido también a la jubilación. La longevidad está erosionando la antigua frontera que separaba de manera tajante una vida productiva de otra supuestamente pasiva. La actividad económica en edades avanzadas puede surgir de motivaciones muy diferentes. Como hemos visto, algunos son empujados por pensiones insuficientes o falta de oportunidades laborales, pero otros son atraídos por la autonomía, la flexibilidad o el deseo de continuar desarrollando capacidades, hasta configurar formas de "retiro híbrido".

En estos casos, pensión, emprendimiento y trabajo se superponen. Tales actividades pueden permitir a las personas mayores sentirse "valiosos y útiles a la sociedad", aportando experiencia y conocimientos acumulados.

No todas las formas de seguir activo significan lo mismo. En Europa, el desafío consiste cada vez más en encontrar formas de seguir participando después de la jubilación. En América Latina, esa pregunta convive con otra más básica: garantizar que jubilarse sea realmente posible.

Una sociedad que envejece no debería preguntarse únicamente cómo mantener productivas a las personas durante más años, sino cómo asegurar que puedan elegir de qué manera quieren seguir estando en la sociedad. El verdadero progreso no consistirá en hacer que los mayores trabajen más tiempo, sino en separar definitivamente el valor social de una persona de su capacidad de generar ingresos.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation, un sitio de noticias sin fines de lucro dedicado a compartir ideas de expertos académicos.

Lee mas:

¿Por qué es necesario retrasar la edad de jubilación en España?

Un capital humano desaprovechado: los mayores

Por qué los países europeos no tienen más remedio que aumentar la edad de jubilación: el caso de España

Carlos José Monroy Barrero no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Logo

Transmite desde Ministro Ramos Mexía - Rio Negro. FM MUNICIPAL NATIVA Con sus estudios ubicado en calle 12 de Octubre Contacto 02920 213302 E-mail radionativa879@gmail.com

Redes

Secciones